23 de febrero de 2010

Ahora todo parece simple, hasta obvio, cantado, pero en ese momento yo no veía las cosas tan transparentes.
Si estás metido en las profundidades del mar no podés ver toda su extensión y ahora que lo miro desde la playa puedo reparar en el horizonte.
Pensamos mil veces antes de decir que sí y, por si acaso, primero decimos no.
Demoramos sin razón lo que es urgente y usamos la rapidez para andar contra un reloj que nos domina.
Entramos sin pedir permiso, nos vamos sin decir perdón.
Herimos como si no importara y lloramos sólo si existe una buena razón que nos diluya el rimmel.
Nos lamentamos cuando ya es tarde, reconocemos el error cuando no tiene arreglo, vomitamos rencores sin sentido y callamos porque es mejor no quedar expuesto.
Escatimamos, negociamos, medimos y mendigamos.
Censuramos, criticamos, señalamos. Detestamos o idolatramos con el mismo afán. No decimos gracias y olvidamos pedir por favor.
Cuántas primaveras y veranos pasamos enhebrando ilusiones y descosiendo fracasos.
¿Por qué si estamos bien solas debemos llamar a ese que sabemos que al verlo dejará pedazos de nuestro corazón diseminados por el piso, que tardaremos meses en volver a juntar?
¿Por qué por un minuto de cielo nos autocondenamos a vivir un año en el infierno?
¿Por qué queremos hacer encajar lo que no encaja, pegar lo que ya está roto, remendar lo que ya fue remendado?
No pensaba, solamente estaba enamorada.
El amor no tiene la culpa de que le hagan mala publicidad.
No es la forma en que quiero un amor, perdón si te dije llorando que te quería. Perdón si dejé todas mis armas en la puerta de tu casa y entré desnuda, sin nada, en vos.
Acá estoy... inventándote para que estés conmigo, mintiéndome para que no te vayas.
Así como no podemos pedirle peras al olmo, no hay que pedirle sangre azul a los sapos verdes.
Balas de plata en contra de tu nombre, tus ojos, tu sonrisa. Un collar de ajos para exorcisarme de tu casa, tu ropa y tu teléfono que a veces todavía marco por error.
Lo bueno del amor es que es tan personal y complejo que uno puede definir y redefinir las etapas como se le cante.
La idea del amor imposible seduce. No sólo a niveles concientes, sino también inconcientes.
El no poder tenerlo fácilmente es un requisito casi indispensable en algunas personas para poder sentirse enamoradas. Y para las que no lo ven como algo indispensable, ayuda mucho sin ningún lugar a dudas.