Y admito que estuve a punto de engañarme a mi misma queriendo creer que no sos el único tipo que me importa en este mundo. Pero esa es la peor mentira que quise tragarme. Porque sos el único. Porque él lo fue, pero ya no. Y me gustaría que si leés esto sepas que hablo de vos. No de él, sino de vos. Como también me gustaría que te pararas a pensar ahora, por unos minutos, solamente en mí. En nada más. Y que, si tan seguro estás de que no me querés, no hagas nada. Dejá las cosas como están. No vengas a hablarme. Porque si lo hacés, voy a pensar que sí me querés, que sí te importo. Y no quiero ilusionarme más. Bastante jodido es estar a más de 300 kilómetros de la persona a la que te gustaría estar abrazada día y noche. Y más jodido aún es que esa persona no quiera quererte por esos mismos kilómetros. Y no es justo que yo solo te pueda querer a ratos, por miedo a que acabés huyendo de mi. Que un día me queda muy claro que para vos no soy nada. Pero otros días, una extraña certeza me dice que sí, que sentís lo mismo por mi. Quizás suene atrevido. Ilógico, o estúpido. No sé. Yo siempre te dije que te lo iba a poner fácil. Y hoy siento que esto ya me queda muy grande. Así que lo dejo en tus manos. Vos sabrás lo que hacés, lo que decís, y lo que sentís. Yo me rindo. Porque, ¿sabes una cosa? Me estoy enamorando de vos. Y me importa muy poco que me hayas dicho muchas veces que no podés, que no querés enamorarte de mí. Me da lo mismo.
Y como quisiera que leyeras esto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario