3 de diciembre de 2009

Dice que le da igual todo, pero miente. En realidad está sufriendo muchísimo. Y espera que ocurra algo mágico, espera ver bengalas de colores, o fuegos artificiales. Espera que algo la saque de esa maldita situación, o estado, en que se encuentra. Espera a la patrulla de salvamiento. El problema es que a la vez que espera, ha dejado de creer en la magia. Es como esperar a los Reyes Magos o al Ratón Pérez, cuando ya tenés 9 años. Sabés que no vendrán, que no existen. Pero eso lo sabés racionalmente. El corazón, de alguna manera, no deja de esperarlos. Por si acaso. Una espera desesperada. Una pérdida de fe absoluta e implacable. Yo soy de esas que ahora mismo tendría que meter el dedo en la llaga para creer en algo.

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