Yo sé que no me querés, pero tengo algo de esperanza. Siempre me han dicho que es lo último que muere y cuando muere, también morís vos. Por eso, con esta ilusión que me queda, te escribo estas palabras que salen de las heridas que me ocasioné, porque no tenés la culpa de que yo te quiera, no. Es mia por quererte como lo hago. Es culpa de este corazón y de esta mente débil que se dejaron influenciar por tus encantos, por esa agridulce felicidad que puedo llegar a sentir en ocasiones. ¿Sabés? Me gustan muchas cosas, pero el simple hecho de que me gusten no significa que las vaya a tener. La posesión es un simple deseo idiota, egoísta, porque las cosas realmente no son mías, ni siquiera mi propia vida me pertenece: me puede ser arrebatada en un suspiro. Por eso, yo albergué el sueño de disfrutar tiempo de mi prestada existencia con vos. Yo sé que quizás no compartas mi tonta quimera, que después de todo eso es, y nada más.
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